Cosas que no son ciertas, nos están vendiendo una serie de mentiras
Durante la última década, incontables influencers han aprovechado el creciente interés por la mejora personal para su propio beneficio. El resultado es una marea de personas en internet que reducen el rendimiento a clickbait monetizable, trucos de marketing, hacks, secretos y soluciones rápidas—ninguna de las cuales funciona realmente.
Los gurúes de la dieta.
Los gurúes de la optimización.
Los gurúes de los suplementos.
Los gurúes de la rutina matinal de 37 pasos.
Los gurúes que convierten el descanso y la recuperación en un trabajo agotador.
Los gurúes que publican fotos de sus abdominales.
Los gurúes del baño de hielo.
Los gurúes que publican fotos de sus abdominales saliendo del baño de hielo.
Y así, una y otra vez.
En conjunto, todo esto representa lo que llamo pseudo-excelencia: una elaborada puesta en escena, un kabuki que se disfraza de excelencia real.
La pseudo-excelencia tiene muchas consecuencias negativas, entre ellas:
- Las personas saltan de tendencia en tendencia, de moda en moda, sin lograr progresos significativos.
- Al oír palabras como “rendimiento” o “excelencia”, la gente se encoge y piensa: eso no es para mí, porque lo asocian con todo el ruido anterior.
- Las personas llegan a creer que la vida es dura y que, por lo tanto, lo único razonable es quejarse constantemente. (En ciertos círculos, incluso se gana estatus así).
- La gente se desconecta, renuncia a su capacidad de acción y se deja llevar por una cinta transportadora algorítmica que no conduce a ningún lado.
Cosas que sí son ciertas
Los seres humanos somos una especie única e increíble. Somos capaces de cosas terribles. Y también de cosas extraordinarias. Basta con mirar la historia para encontrar ejemplos de ambas.
La excelencia genuina implica una implicación profunda y comprometida con algo valioso, alineado con tus valores y objetivos. Es nuestro derecho de nacimiento. Estamos hechos para crear, contribuir y crecer.
Aspirar a la excelencia genera una satisfacción profunda. Nadie puede comprarla, influenciarla, sobornarla ni imponerla por autoridad. La excelencia debe ganarse.
La búsqueda de la excelencia no es solo para una élite ni para quienes tienen una genética impecable; es para todos nosotros.
Cuando las personas tienen oportunidades para aspirar a la excelencia, viven sus mejores vidas, realizan sus mejores aportes y empujan al mundo hacia adelante en el eje del progreso.
La búsqueda de la excelencia nos dio a Mozart y Bach; a Jordan y LeBron; a Monet y Rothko; los antibióticos y las vacunas; el saneamiento y la sanidad; la democracia y la cirugía de trasplantes; la electricidad y el transporte aéreo, y tantas otras hazañas que hacen la vida mejor.
Necesitamos recuperar una excelencia genuina, sentida y humanista: en el deporte, en la creatividad, en la ciencia, en la medicina, en los negocios, en la música, en las artes, en todas las áreas de la vida que nos importan.
Nuestro futuro—individual y colectivo—depende de ello.
Afirmar las siguientes creencias y principios puede ayudar.
Creencias y principios
Creemos que nos importen los demás es algo valioso. No hay nada que celebrar en la indiferencia. Es una salida fácil. Un mecanismo de protección. Una forma de evitar entrar en la arena y arriesgar el fracaso. Hay cosas que merecen que nos importen profundamente, y deberían importartarnos profundamente. No existe una buena vida—y mucho menos una excelente—sin ese compromiso.
Creemos que nunca deberías sacrificar tus valores. Tus valores son tus estrellas guía, las cualidades hacia las que aspirás. Sea lo que sea que persigas, hacelo de una manera alineada con ellos.
Creemos que las cosas en las que trabajás también trabajan sobre vos. Al aspirar a la excelencia no solo moldeás la mesa, el manuscrito, el maratón, el descubrimiento científico, el lienzo o la canción: también te estás moldeando a vos mismo.
Creemos en perseguir grandes objetivos. Una vez que sabés qué cumbre querés alcanzar, tenés que centrarte en la ascensión diaria; hay que escalar donde pisan los pies. Cuanto más grande el objetivo, más pequeños deben ser los pasos.
Creemos en la importancia del proceso y de los resultados. Los resultados importan, pero siempre son el subproducto de un proceso sólido y atento. Enfócate en el proceso. Dejá que los resultados se ocupen de sí mismos. Aprendé y ajustá. Repetí.
Creemos en priorizar la constancia por sobre la intensidad. Cualquiera puede destrozarse y tener un día heroico, una semana heroica o incluso un año heroico. Pero la excelencia consiste en jugar a largo plazo: el objetivo es construir una obra heroica. Algunos días serán grandes, otros terribles, y la mayoría estarán en el medio. Seguí apareciendo. Convertite en alguien reconocido por su constancia.
Creemos en la ley del interés compuesto. Poco a poco se convierte en mucho.
Creemos que nada grande ocurre sin foco. Hay que reservar tiempo y espacio sin distracciones para que los proyectos importantes reciban atención plena.
Creemos que debés usar la tecnología, y que la tecnología no debe usarte a vos. Una buena pregunta para hacerse con frecuencia es: ¿estoy yo a cargo de esta tecnología y me está ayudando? ¿O está ella a cargo de mí y me está perjudicando?
Creemos en el poder de diseñar el entorno y de crear restricciones autoimpuestas. Los filósofos distinguen entre dos tipos de libertad: la libertad negativa (ausencia de restricciones) y la libertad positiva (la libertad de vivir tu mejor vida). Priorizar la libertad positiva suele implicar renunciar a ciertas libertades negativas.
Creemos que el concepto de “equilibrio”, tal como lo popularizó la industria del self-help, es una ilusión. Simplemente no se puede hacer todo. Intentarlo es una receta segura para la frustración.
Creemos en los intercambios (trade-offs). Y también en el ajuste a lo largo del tiempo. Muchas de las mejores vidas tienen estacionalidad: diferentes énfasis en distintas etapas.
Creemos en mantener lo principal como principal. Los hacks, las modas y las soluciones rápidas existen desde siempre. El mito cuenta que en el siglo XVI Ponce de León buscó la Fuente de la Juventud. Siglos después, seguimos buscando, como lo demuestran los influencers de la longevidad y el aceite de serpiente que venden.
Creemos que el secreto es que no hay secreto. La fuerza motriz de la excelencia es el trabajo duro hecho de la manera correcta, con las personas correctas y en el momento adecuado. A menudo es simple, pero simple no significa fácil.
Creemos en la disciplina. No la versión performativa y machista, sino la real: presentarse y hacer lo que hay que hacer, con cuidado e integridad. Hacer lo difícil hoy suele hacer mañana un poco más fácil.
Creemos en la renovación. Estrés más descanso es igual a crecimiento. Si nunca te alejás para permitir que el sistema cuerpo-mente se recupere, te estancarás antes de alcanzar tu potencial. Se necesita disciplina para seguir; pero también para descansar.
Creemos que la confianza nace de la evidencia. Si querés creer en vos, tenés que darte pruebas. Hay que acumular repeticiones. El maestro zen Thich Nhat Hanh dijo: “La fe es la confianza que nace de reconocer los frutos de la práctica”. Esa es la fe de la excelencia.
Creemos en ocupar tu lugar. Hacé el entrenamiento. Luego tené el coraje de confiar en él.
Creemos en la paciencia. No existe el éxito de la noche a la mañana. Las cosas buenas llevan tiempo. No se puede apurar el proceso.
Creemos en la perseverancia obstinada (stick-to-itiveness): la rara capacidad de sostenerse en un mundo obsesionado con la gratificación inmediata. De ella nace el empuje: el impulso que surge de la práctica repetida, la atención cuidadosa, el trabajo duro y el descanso oportuno.
Creemos en el ritual y la rutina. No se trata de 27 pasos elaborados para empezar el día, sino de algunos anclajes que te mantengan firme en un mundo caótico. La rutina debe trabajar para vos, no al revés.
Creemos que la motivación sigue a la acción. No siempre necesitás sentirte bien para empezar; a veces necesitás empezar para darte la oportunidad de sentirte bien.
Creemos que la curiosidad es un poderoso antídoto contra el miedo. Sea que juegues al básquet o al cello, repares autos o construyas mesas, escribas libros o entrenes equipos, tu oficio puede ser un vehículo de autodescubrimiento. Cuando te mueve la curiosidad genuina por ver qué es posible, nada puede detenerte.
Creemos en la resiliencia. Fallar duele. Pero si vas a explorar tu potencial completo, el fracaso es inevitable. Confiá en que el amor por el proceso es lo suficientemente grande como para sostener el dolor del error.
Creemos en la regla de las 48 horas. Tras grandes victorias o duras derrotas, date un tiempo para celebrar o para procesar la pérdida, y luego volvé al trabajo. Trabajar es el mejor remedio tanto para la desesperación como para el ego inflado.
Creemos en la comunidad. Toda la ciencia moderna y toda la sabiduría antigua coinciden en que las personas que nos rodean nos moldean. Ir solo conduce al enojo y al resentimiento, diga lo que diga internet. Encontrá a tu gente y trabajen juntos.
Creemos que intensidad y alegría pueden coexistir. Una de las mayores alegrías es avanzar hacia tus aspiraciones con gran intensidad.
Creemos que la excelencia es un juego infinito. El camino es la meta, y la meta es el camino. Gran parte del éxito consiste simplemente en mantenerse en él.
Obstáculos y trampas
Hay obstáculos y trampas que debemos vigilar:
- Una avalancha interminable de distracción digital.
- Delegar actividades significativas—incluida nuestra capacidad de pensar—a la inteligencia artificial.
- Reemplazar relaciones humanas reales por vínculos ilusorios con servidores y robots.
- La tentación de una vida sin fricción, hecha solo de conveniencia y facilidad.
- Los señores y mercaderes de la economía de la atención, movidos no por fines humanistas sino por lucro y narcisismo.
- Cualquier persona o cosa que intente alienarnos de nosotros mismos y de los demás.
Conclusión
Hoy más que nunca necesitamos recuperar la excelencia: la real, genuina, sentida y humanista.
Debemos recuperarla como aspiración personal.
Debemos recuperarla como aspiración cultural.
Esto no ocurrirá de arriba hacia abajo. Nadie va a agitar una varita mágica por nosotros. Ocurrirá de abajo hacia arriba.
Ocurrirá cuando elijamos desconectarnos de la ira, el chisme, la performatividad vacía, las teorías conspirativas y todos los oportunistas que saturan internet.
Ocurrirá cuando ejerzamos nuestra capacidad de acción y prioricemos la satisfacción duradera, la creación y la contribución por encima de placeres baratos y efímeros.
La buena noticia es que el camino de la excelencia no es un sueño lejano. Está a nuestro alcance. Es nuestro para reclamarlo, modelarlo y compartirlo.
Cuando recuperamos la excelencia, recuperamos la conexión con los demás, con nosotros mismos y con nuestra humanidad.
Autores
Brad Stulberg y Steve Magnes
Nota Original




